La trágica historia del São Paulo: cómo Francia vendió un portaaviones a Brasil con una "sorpresa" letal

Francia vendió a Brasil un portaaviones de 265 metros en 2000, pero el barco llegó con un "regalo" peligroso que nunca se resolvió, lo que llevó a su hundimiento en el Atlántico después de 23 años de intentos fallidos para desmontarlo.
Pocas veces la historia de un buque militar ha sido tan dramática como la del São Paulo, un portaaviones francés que Francia vendió a Brasil en 2000 por 12 millones de dólares. Lo que el país sudamericano no sabía en ese momento era que el barco llegaba con un "regalo" peligroso: materiales tóxicos, incluyendo amianto, que habían sido empleados en su construcción y nunca habían sido retirados.
El São Paulo era un buque gigantesco, con 265 metros de largo y capacidad para 2.000 tripulantes. Fue construido en 1963 y en su momento era uno de los exponentes del poder naval francés. Sin embargo, cuando Brasil lo compró, el barco ya estaba viejo y con problemas. Pasó años navegando con averías y reparaciones, hasta que finalmente se decidió su retirada en 2017.
La Marina brasileña intentó desmontarlo y venderlo como chatarra, pero la operación se vino abajo cuando Turquía se negó a aceptarlo debido a las dudas sobre el amianto y otros materiales peligrosos que aún contenía. Brasil tampoco quería el barco, y así que quedó atrapado frente a la costa brasileña durante meses, deteriorándose y convirtiéndose en un peligro para la navegación.
Finalmente, la Marina brasileña decidió hundir el barco en el Atlántico, a unos 350 kilómetros de la costa, en una zona donde el océano alcanza una profundidad de 5.000 metros. La operación se llevó a cabo el 3 de febrero de 2023, después de que las autoridades brasileñas intentaran detenerla judicialmente y la agencia ambiental brasileña, Ibama, advirtiera de posibles daños sobre los organismos y ecosistemas marinos.
La hundición del São Paulo ha sido calificada como un desastre ambiental por algunas organizaciones, que alertaron sobre la cantidad de materiales peligrosos que seguían dentro del barco, incluyendo PCB, cadmio, plomo y mercurio. La incertidumbre sobre la cantidad de material peligroso que contenía el barco fue uno de los motivos por los que Turquía se negó a aceptarlo.
La trágica historia del São Paulo es un recordatorio de la importancia de gestionar adecuadamente los residuos peligrosos y la necesidad de que los países se comprometan a proteger el medio ambiente.
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